Escapadas de fin de semana que necesitas vivir en el 2026
A veces no hace falta viajar lejos para sentir que la vida vuelve a moverse distinto. En Colombia, un fin de semana basta para cambiar de aire, reencontrarse con la calma o descubrir lugares que sorprenden sin necesidad de tomar vacaciones largas.
En colaboración con Viajala, reunimos algunas de las escapadas más especiales para 2026, pensadas para quienes quieren viajar de manera íntima, auténtica y con el corazón puesto en el país de la belleza.
1. Honda, Tolima - Un fin de semana entre historia y río
Honda es de esos lugares donde el tiempo parece caminar distinto. Se encuentra a unas 3.5 horas de Bogotá o 2 horas de Ibagué por carretera, aquí el calor suave del Magdalena, las calles empedradas y el silencio antiguo de sus casonas coloniales hacen que, apenas llegas, sientas que entraste en un capítulo de la historia de Colombia. Caminar por la Calle de las Trampas, cruzar el Puente Navarro o detenerse en las fachadas que guardan siglos de historias es también reencontrarse con ese país que nació entre ríos, comercio y viajes lentos.
El fin de semana se vive entre recorridos tranquilos y descubrimientos inesperados: el Museo del Río Magdalena, pequeño pero revelador; las caminatas a primera hora por la ribera, cuando la bruma se levanta sobre el agua; y las pausas en cafés locales que han empezado a florecer alrededor de la plaza. Aquí, la idea no es correr ni llenar itinerarios, sino observar cómo el pueblo respira, cómo la gente conversa en las esquinas y cómo el río sigue marcando el ritmo de la vida.
A la hora de comer, Honda es profundamente tolimense: lechona, tamales, pescados de río y preparaciones caseras que no necesitan decoración para convencer. La experiencia es sencilla, honesta, cálida. En un par de días, Honda logra lo que pocos destinos: devolverte la sensación de haber viajado lejos sin haberte movido tanto.
2. Jardín, Antioquia - Tradición, montaña y un pueblo que se redescubre
Ubicado a unas 3 horas de Medellín, Jardín tiene algo de película: balcones coloridos, montañas que abrazan la plaza y un ambiente que huele a café recién tostado desde temprano. Pero detrás de esa postal perfecta hay un pueblo que está encontrando nuevas maneras de mostrar su identidad. Las fincas cafeteras han empezado a recibir viajeros curiosos que quieren entender todo el proceso, mientras que nuevas rutas ecológicas revelan cascadas, miradores y senderos rodeados de naturaleza viva.
El fin de semana en Jardín combina aprendizaje y disfrute. Puedes pasar la mañana en una finca familiar escuchando historias de abuelos caficultores, catar diferentes variedades o caminar entre cafetales que aún se recogen a mano. Por la tarde, la plaza se convierte en un escenario vivo donde los caballos pasan, los niños corren y los habitantes conversan con la tranquilidad de quien sabe que el tiempo aquí fluye a su ritmo.
La gastronomía es un capítulo aparte, con platos montañeros generosos, arepas de maíz pelao, postres caseros, helados de frutas andinas y cafés de origen preparados por manos expertas. Jardín es uno de esos destinos que no sorprenden por extravagantes, sino por auténticos. Termina siendo una escapada que mezcla naturaleza, tradición y vida cotidiana en dosis perfectas.
3. El Encanto, Huila - Un desierto escondido entre montañas
El Encanto es uno de esos lugares que parecen inventados por la geografía. Ubicado en el municipio de Palestina, al sur del Huila, este proyecto ecoturístico se encuentra en un territorio donde el agua, el bosque y la vida campesina conviven de manera natural. Esta reserva de cinco hectáreas protege un bosque secundario en recuperación y abre sus puertas a quienes buscan una conexión auténtica con el entorno.
Caminar por El Encanto es adentrarse en un paisaje diverso y silencioso, ideal para la contemplación. Sus senderos atraviesan jardines, cafetales y zonas de bosque donde habitan más de 200 especies de aves y una rica variedad de fauna local. El río Guarapas, con sus aguas frescas, acompaña el recorrido y se convierte en un espacio natural de descanso y encuentro.
La experiencia se completa con la arquitectura tradicional en guadua, y con una cocina sencilla y campesina donde los sabores locales (arepas huilenses, quesos frescos, frutas de la región) hablan de la identidad del territorio. Aquí, observar aves, compartir historias, cuidar el jardín, cocinar, cantar o celebrar las fiestas locales hacen parte de la vida cotidiana. El Encanto logra darte la sensación de haber estado lejos del mundo sin haberte desconectado de ti.
4. Guatapé profundo - Más allá del malecón
Muchos conocen el malecón de Guatapé, la piedra y los zócalos coloridos a menos de dos horas de Medellín. Pero el Guatapé más interesante está en las veredas silenciosas donde el embalse se vuelve paisaje íntimo y los caminos rurales muestran la vida cotidiana de un territorio que ha aprendido a convivir con el agua. Es un destino que, visto desde esta otra mirada, deja de ser masivo y se convierte en una experiencia calmada y sorprendentemente humana.
Un fin de semana aquí puede incluir recorridos en kayak por zonas tranquilas del embalse, caminatas entre fincas, visitas a miradores naturales y encuentros con artesanos que todavía pintan zócalos a mano. En algunos alojamientos sostenibles es posible ver el proceso de panadería artesanal, aprender sobre plantas locales o simplemente contemplar el paisaje desde terrazas abiertas donde el silencio lo llena todo.
La gastronomía, como en los pueblos de Antioquia, es cálida y poderosa: trucha fresca, sancocho casero, panes recién horneados y postres tradicionales. Comer aquí es compartir mesa con la región. El Guatapé profundo recuerda algo importante: incluso un destino muy conocido puede transformarse cuando uno aprende a mirarlo distinto.
5. Sutatausa, Cundinamarca - Acantilados, páramo y un pueblo con alma
Sutatausa es uno de los secretos mejor guardados cerca de Bogotá. A menos de dos horas, el paisaje cambia súbitamente, farallones gigantes que parecen custodiar el valle, casas campesinas, caminos empinados y un aire frío que anuncia la presencia cercana del páramo. Es un destino perfecto para quienes buscan aventura moderada sin alejarse tanto de la ciudad.
La caminata a los Farallones es el plan estrella. El ascenso es exigente pero alcanzable, y la vista desde la cima ofrece una panorámica impresionante de montañas, campos y nubes bajas. En la zona también hay rutas más suaves que conducen a lagunas, frailejones y ecosistemas que muestran la transición entre el bosque andino y el páramo. El paisaje es tan poderoso que basta un fin de semana para sentir que te fuiste a otro país.
El pueblo, pequeño y tranquilo, completa la experiencia. En sus restaurantes se sirven platos típicos cundinamarqueses como cuchuco, envueltos, gallina criolla y caldos reconfortantes. En los cafés se pueden probar panes artesanales y bebidas hechas con frutos andinos. Es una escapada que mezcla naturaleza fuerte, cultura rural y un ritmo que invita a quedarse un poco más.
Colombia está llena de lugares que esperan justo ese momento en que uno decide salir, respirar y mirar con otros ojos. Estas escapadas son pausas necesarias, recordatorios de la belleza que existe cerca y oportunidades para reconectar con el país desde lo sencillo y lo profundo.
El 2026 es un año perfecto para hacerlo. Solo queda elegir un fin de semana… y dejar que el país de la belleza haga el resto.