Así se vive el Carnaval de Negros y Blancos en Pasto
Una de las fiestas que mejor refleja la belleza cultural de Colombia.
Hay celebraciones que se viven, otras que se observan… y luego está el Carnaval de Negros y Blancos: una fiesta que estalla en colores, música y memoria ancestral en el sur de Colombia. Cada enero, Pasto se transforma en un territorio donde el juego, la creatividad y la identidad se vuelven protagonistas; donde miles de personas viajan para experimentar algo que no se parece a ningún otro carnaval del mundo.
Cada vez más viajeros buscan experiencias que conecten con la esencia de los territorios. Los expertos de Viajala afirman que el Carnaval de Negros y Blancos es una de ellas: una celebración que se vive y se comparte como parte de la identidad colombiana.
De raíces indígenas a Patrimonio de la Humanidad
El origen del Carnaval es tan diverso como sus colores. Su historia mezcla raíces indígenas de los pueblos quillacingas, episodios coloniales y símbolos de resistencia cultural; por eso, vivirlo es entender cómo se tejió la identidad de todo un territorio. El “Día de los Negros” nació como un homenaje a los esclavizados, que solo tenían un día al año para celebrar su libertad. En respuesta, la gente del pueblo se pintaba la piel con betún para unirse simbólicamente a ese festejo. El “Día de los Blancos”, en cambio, llegó después, como una mezcla de celebración colonial y juego popular en el que todos se cubrían de polvo blanco. Con el tiempo, ambas expresiones se fundieron en una sola fiesta que hoy es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Y aunque han pasado siglos, la esencia se mantiene: igualdad, inclusión, juego y orgullo cultural.
Del 2 al 7 de enero: así se vive la fiesta día por día
El carnaval no es un evento de un solo día; es una semana entera de rituales, desfiles y símbolos.
2 de enero - Eucaristía de apertura y Carnavalito
El Carnaval comienza con una eucaristía que marca el inicio espiritual de la fiesta y que reúne a la comunidad en un mismo sentimiento de gratitud. Luego llega el Carnavalito, quizá el desfile más tierno y simbólico de todos, niñas y niños recorren las calles con comparsas coloridas, máscaras, mini-carrozas y trajes hechos por artesanos locales. Ver a los más pequeños interpretando personajes tradicionales es un recordatorio de que esta tradición se transmite de generación en generación.
3 de enero - Canto a la Tierra
Este día Pasto se detiene para rendirle homenaje a la Madre Tierra. El Canto a la Tierra es un encuentro de danza, música y espiritualidad donde doce colectivos artísticos elevan un mensaje de respeto, cuidado y conexión con lo sagrado. Es un momento más íntimo dentro del carnaval, un respiro que une lo ancestral con lo contemporáneo, y que recuerda la profunda relación de los nariñenses con su territorio.
4 de enero - Desfile de la Familia Castañeda
El humor llega al carnaval con la Familia Castañeda, un desfile que nació de una historia legendaria sobre la llegada de una familia campesina cargada de maletas, ilusiones y extravagancia. Hoy, comparsas enteras recrean esa narrativa con personajes caricaturescos, vestuarios exagerados, escenas cotidianas y guiños cómicos a la cultura pastusa. Es una celebración de la memoria popular, donde la risa se convierte en tradición.
5 de enero - Día de Negros
Es uno de los instantes más simbólicos del carnaval. El Día de Negros convierte las calles en un juego de igualdad y libertad, donde la frase “¡una pintica, por favor!” rompe cualquier distancia entre desconocidos. Con pinturas y cosméticos especiales de color negro (carbón cosmético), la gente se marca el rostro como gesto de unidad. Este día rinde homenaje a las raíces afro y a las luchas históricas por la dignidad y la expresión cultural.
6 de enero - Día de Blancos y Desfile Magno
La fiesta alcanza su máxima expresión con el Día de Blancos. La ciudad se ilumina cuando inicia el Desfile Magno, carrozas monumentales que son verdaderas esculturas móviles, creadas durante meses por artesanos que trabajan cada detalle a mano. Más de 8.500 artistas dan vida a escenas fantásticas, figuras mitológicas, criaturas colosales y universos que parecen salidos de un sueño colectivo. Es arte efímero, poderoso y profundamente emocionante.
7 de enero - Festival del Cuy y Cultura Campesina
La despedida del carnaval ocurre en los corregimientos de Catambuco, Obonuco, La Laguna y Genoy, donde el Festival del Cuy une gastronomía, música y tradición campesina. Aquí la celebración se vuelve más íntima y cercana: bailes populares, sabores ancestrales, artesanías y sobremesas largas que conectan al visitante con la Colombia profunda. Es el final perfecto para una fiesta que honra sus raíces.
La magia detrás de las carrozas y los vestuarios: arte, técnica y tradición
Las carrozas del Carnaval de Negros y Blancos son consideradas unas de las expresiones artísticas más complejas de América Latina. Están hechas de materiales como papel maché, madera liviana, telas y estructuras móviles que se articulan manualmente. Los temas suelen girar en torno a mitos andinos, leyendas nariñenses, animales sagrados, resistencia cultural, celebraciones a la tierra, la naturaleza y crítica social.
Cada una puede medir más de 8 metros de altura y movilizar a decenas de personas. No es solo un espectáculo visual, es un homenaje a la creatividad popular.
El vestuario, en cambio, cambia cada año, pero guarda un mismo espíritu. Hay trajes de colores intensos con bordados que representan mitos andinos; hay máscaras gigantes inspiradas en criaturas de páramo o en personajes de leyendas que circulan por los pueblos nariñenses. Todo tiene un significado, todo cuenta algo: la relación con la tierra, el humor popular, la espiritualidad de montaña. Por eso, observar a los grupos coreográficos que acompañan a las carrozas es, en sí mismo, un espectáculo: sincronía perfecta, vestuarios brillantes, energía que no decae.
La gente y los sabores que le dan alma al Carnaval
Si algo hace único al Carnaval de Negros y Blancos es su gente. Los nariñenses viven estos días con una entrega que se siente en cada gesto: son hospitalarios, atentos y profundamente orgullosos de su tierra. Basta una conversación breve para que un local te explique el significado de una máscara, la historia de una comparsa o la manera “correcta” de jugar con pintura sin incomodar a nadie. Durante el carnaval, las calles se llenan de familias, artistas, turistas y vecinos que se conocen de toda la vida, creando una atmósfera donde absolutamente todos se sienten parte de un mismo espíritu. En Pasto, el carnaval no se celebra: se habita.
Y ese mismo sentido de pertenencia también se prueba en la mesa. La gastronomía nariñense es uno de los grandes tesoros del viaje, porque aquí la comida es tan protagonista como las carrozas. En algún momento, casi sin darte cuenta, terminarás probando un cuy asado servido con papas y ají de maní; una empanada de añejo recién frita, crujiente y con ese sabor ligeramente fermentado que solo existe en Nariño; un hornado pastuso cocinado durante horas hasta quedar jugoso y dorado; o un locro de papa espeso y reconfortante que abriga del frío andino. Entre desfile y desfile, también aparecen el champús —dulce, frutal, refrescante— y los helados de paila hechos a mano sobre hielo, en sabores de lulo, mora o guanábana. Pasto es una ciudad donde se come bien y con cariño, y durante el carnaval, ese cariño se multiplica: cada plato es una invitación a quedarse un rato más.
Cómo prepararte para vivirlo (y dejarte llevar)
El Carnaval de Negros y Blancos se disfruta mejor cuando uno llega listo para sumergirse en él. Reservar con anticipación es clave, enero es temporada alta y Pasto se llena desde meses antes. Lleva ropa que puedas manchar porque entre espumas, talcos y colores nadie sale limpio, además de gafas, bloqueador y la disposición de caminar, ya que el centro se vuelve peatonal y la fiesta ocurre en las calles.
Pero también hay una preparación emocional, entender que no todo es juego. Los grandes desfiles y las comparsas merecen respeto, silencio y admiración. Ese equilibrio entre celebración y tradición es lo que convierte al visitante en parte real del espíritu del carnaval.
El Carnaval de Negros y Blancos no es solo una fiesta, es una identidad hecha color, memoria y alegría. Quien llega a Pasto en enero no solo presencia un evento; entra en una ciudad que abre sus puertas para compartir su historia y su orgullo.
¿Listo/a para pintarte de negro, de blanco… y de todo lo que hace único al país de la belleza?